Tenía muchas expectativas al llegar a trabajar con un grupo tan grande de niños y niñas. “Ha sido muy acogedor y me ha ido muy bien con el equipo de trabajo; tanto ellos como los niños han aceptado unos pequeños cambios que se han introducido en algunas preparaciones para que la comida se sienta más agradable”.
Revela que el ingrediente secreto que ha traído es “mucho amor”, porque se sigue trabajando con los mismos recursos del año pasado. “Es un toque secreto que manejamos”, dice sonriendo.
“Era una expectativa grande trabajar con chicos, pues en el ICEF eran solo niñas, y he visto que ellos son muy amables y respetuosos. Y he notado que el desperdicio de comida es mínimo, inclusive ha disminuido un poco. Parece que les ha gustado la comida y los niños pequeños que vienen de una preparación de casa diferente poco a poco han asimilado el menú del colegio y han mejorado su forma de comer”.