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La autoridad de los padres en la educación de sus hijos

Los padres de hoy nos enfrentamos a un falso dilema en la educación de los hijos: educarlos con el férreo y traumatizante autoritarismo de ayer o con la permisividad daina de hoy. La respuesta está en la autoridad con respeto y amor

Por GLORIA EMILSEN NIETO G. y NELCY BENAVIDES
Orientadoras Escolares

En las últimas décadas, intentando encontrar una forma más adecuada de educar, se ha pasado del “ordeno y mando” a negociarlo todo.  Los padres intentan evitar el conflicto cediendo, terminan por consentir todo lo que el niño reclama. Se permite demasiado para “no traumatizar”, para evitar cuanto antes la discusión y en otros padres se  escuchan mensajes como: “Se va a llevar su merecido”, “él se lo ha buscado”, “así aprenderá a respetarme”, tal vez logren por un momento una aparente obediencia y sumisión, pero en muchos casos la relación se ve teñida de miedos, desconfianza o recelo. 
Es importante precisar que al hablar de autoridad en la educación no estamos refiriéndonos a ella como sinónimo de dominio, superioridad, fuerza o prepotencia. En realidad se está haciendo alusión a un verdadero poder  de influencia positiva sobre los hijos.  La autoridad va ligada al razonamiento, la posibilidad de opinar y la búsqueda del respeto, para lograrla se requiere adquirir y desarrollar una serie de competencias que son necesarias para hacerlo correctamente. Se trata de lograr una verdadera autoridad que nazca de la capacidad personal, la coherencia y el sentido de la equidad.
Es por esto que la autoridad en la familia ha de ser una herramienta fundamental que empleemos para ayudar a los hijos a que sean mejores personas, a que logren la formación en autoestima, autonomía, identidad y vivencia de virtudes.
¿Qué se necesita para tener buena autoridad?
• Recordar que no hay padres perfectos ni hijos perfectos.
• Los errores que se cometen (tanto padres como hijos), son excelentes oportunidades para aprender. No hay recetas mágicas y cada hijo y circunstancia es diferente.
• Hay que pedir excusas cuando sea necesario sin sentirse culpable.
• No hay que maltratar para formar niños buenos. Si uno tratará a los amigos como trata  a los hijos, no tendría amigos.
• Apoyar siempre la autoridad del otro cónyuge. Nunca haga desautorizaciones frente a los hijos (as).  Cuando otras personas apoyan la crianza de los hijos como es el caso de los abuelos, tías, la vecina, en el jardín, etc., se requiere comunicar los acuerdos que se tienen en familia para que los niños actúen coherentemente.
• No tenga miedo de mandar, de ejercer la autoridad.  Delegue con firmeza y con mucho cariño. Lo que digo lo hago, lo cumplo, soy consistente
• Ofrezca buen ejemplo a los hijos ya que ellos aprenden de los modelos (los adultos que conviven con el niño).
• Comprenda a cada uno de los hijos, a pesar de ser hijos de los mismos padres, ellos son diferentes.
• Mantenga siempre la calma, el dominio personal. Nunca ejerza la autoridad si está de mal humor o  enojado esto hará que no actúe bien y lo más probable es que puede ofender a alguno de sus hijos. Para, respira profundo y tranquilícese. Cuando lo haya logrado entonces ahora así puede retomar el incidente.
• Sea perseverante, no se dé por vencido, siempre hay que ejercer la autoridad sin desfallecer. El día que no lo haga se perderá todo lo que haya logrado.
• Basados en que la familia tiene normas claras, buscar soluciones y consecuencias lógicas: que estén relacionadas con el hecho o la norma que se incumplió, que sean respetuosas, que sean realistas es decir que tanto los hijos(as) como los padres las puedan llevar a cabo, que sean responsables y que se les pueda hacer el seguimiento.
 
 



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