Por FERNANDO CHAVES VALBUENA
Editor web Asochicalá
Sentado frente a la misma mesa donde acaba de dar cuenta de un suculento almuerzo, Sebastián
sonríe satisfecho: “Ya tengo muy buenos amigos, como diez”. Algunos de ellos se atropellan tras él cuando le vamos a hacer fotografías.
Su familia se mudó el año pasado a los nuevos apartamentos de la urbanización Chicalá, vecina al Colegio, y como su mamá es enfermera de Colsubsidio, y por tanto afiliada, encontraron perfecto trasladar a Juan Sebastián al CEIC Chicalá.
Así que ahora estudia casi al frente de donde vive y eso les ha significado comodidad y ahorro en tiempo y dinero. Ya no pagan ruta y mientras que antes salía del colegio a las 2 y llegaba a la casa a las 4, ahora sale a las 3 y está sentado en su sala diez minutos después.
“Fue rebueno porque antes nos tocaba pagar mucho y ahora pudimos meter al colegio a mi hermanita que está en Párvulos. Los primeros días lloraba, pero ahora está feliz y llega a la casa a contar historias; los sábados también se levanta diciendo que se quiere ir al colegio”.
El cambio tiene sus dificultades. “Ha sido un poquito difícil porque duré cuatro años en el otro colegio y ya me había acostumbrado. Era un colegio chévere, grande, y extraño a mis amigos”.
Sin embargo, su nuevo colegio lo conquista rápidamente. Lo primero que se le pasa por la cabeza es el coliseo y las canchas de fútbol, que practica en los recreos, pero luego lo piensa mejor: “La profe Nidia es divertida, muy amable y a mí me gusta mucho el inglés. Todos los profes son muy buenos, nos argumentan mucho, nos explican bien y nos dejan participar”.
También lo ha cautivado la biblioteca, que “es más grande, más amplia y más divertida. Tiene computadores, muchos, y allí investigamos y jugamos”.
Se acaba la entrevista, se acaban las fotos. Sebastián sale corriendo hacia las canchas, para aprovechar los pocos minutos que le quedan del recreo. La profe Nidia lo ve venir y le sonríe. Los amigos lo reciben entusiasmados: “Hágale, Cabuya”.