Mientras la delegación surcoreana desfilaba por el tablado del coliseo, sus compañeros de sexto grado hacían retumbar las tribunas. Su vitalidad sólo la pudo emular grado once, que se vistió de la anfitriona Sudáfrica. Los décimos fueron charros y chavos mexicanos, los novenos flemáticos ingleses, los octavos sufridos griegos, los séptimos se pintaron de nigerianos, los sextos se volvieron marciales surcoreanos, los quintos albicelestes argentinos, los cuartos y los primeros raudos cameruneses; los terceros portugueses "cristianos" , los segundos majos argelinos, los jardines negritos sudafricanos, los prejardines recios paraguayos y los parvulitos críos españoles.
El desfile fue el acto central de la inauguración y se hizo dos veces para que pudieran participar todos los cursos: en la primera inauguración las tribunas las ocuparon preescolar y primaria, en la segunda, bachillerato. Y las delegaciones desfilaron las dos veces.
El momento más emotivo, sin embargo, fue el recorrido de la llama olímpica desde la puerta hasta el centro del coliseo, pasando por las tribunas en manos ilustres: Brayan Correa de la selección de fútbol, Maria Angelica Duarte de la selección de voleibol, Ricardo López de la de balocesto, Camilo VIllamrin de Voleibol y Mónica Prieto de futbol sala, quien fue la encargada de encender el pebetero olímpico.
Complementaron la jornada la banda marcial del Instituto Guimarc de Bosa y los malabaristas del Fuchi pertenecientes a la Corporación Foot-Bag Colombia.
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